Después de la elisiones, adiciones, metátesis, asimilaciones y disimilaciones, todos fenómenos fonéticos más o menos explicables por intercambio de sonidos, restaría hablar de las ETIMOLOGÍAS POPULARES. Las alteraciones del habla que reciben este nombre se distinguen de las anteriores porque no solo suponen el contagio de una palabra con otra de gran parecido fonético, sino que también implican una asociación semántica. Por algún motivo, el hablante establece algún tipo de relación entre dos ideas o realidades e, inconscientemente, procede a modificar su siginificado. 

Realmente, no existe un razonamiento fonético, un paradigma por el que puedan resolverse estos errores. Sí es cierto, no obstante, que suelen ser más frecuentes en el habla de personas de nivel socioeconómico medio-bajo y, sobre todo, pertenecientes al ámbito rural, donde la cultura popular suele ser herramienta de uso frecuente. Podría decirse, por tanto, que las etimologías populares son parte del léxico expecífico de algunos sociolectos, del habla de determinados estratos sociales. Precisamente, de esta condición puede provenir la costumbre de los hablantes de otros niveles de recurrir a este tipo de expresiones con fines irónicos, empleándolos a modo chascarrillos desconcertantes dentro de su registro habitual.

Algunos de los ejemplos más curiosos de etimología popular son estos:

  • *antidetodo (antídoto), tal como si aquello sirviera para combatir cualquier cosa.
  • *córpore in sepulcro (in sepulto), pues ese es el lugar donde descasan algunos santos difuntos.
  • *destornillarse (desternillarse)
  • *mondarina (mandarina), dado que las frutas se mondan.
  • *cortacircuito (cortocircuito), porque parece que se prefiere describir la acción en sí y no el efecto.
  • *obsexo (obseso), ya que es frecuente que la gente conjugue las dos cosas, obsesión y apetencia sexual.
  • *amanazar (amenazar), porque muchas veces se levanta la mano para tal cosa.
  • guardilla (buhardilla), debido a su extensión, la primera se ha admitido y, posiblemente, responda al sentido de que dicho espacio suele usarse para ‘guardar’ cosas.
  • *hocicarse (obcecarse), puesto que recuerda a la cabezonería de los animales que niegan con el hocico.
  • vagamundo (vagabundo), admitiéndose la primera por la vida errante que lleva esa persona de lugar en lugar.
  • *surgir efecto (surtir), puesto que aparece algo nuevo a consecuencia.
  • *burrocracia (burocracia), ¿por la lentitud y pesadez de esos trámites?

 

Y como estas, muchas más.

Por último, para cerrar el apartado de fonética, cabría señalar otra serie de cuestiones de las que, en cualquier caso, también se hacen partícipes estas etimologías anteriores:

Neutralización en fonemas intermedios. Algunas consonantes que cierran sílaba pueden intercambiarse por otras cuya articulación bucal se realice en puntos cercanos o, incluso, desaparecer. Es frecuente con los fonemas /p/ y /b/: *diotría, *autosia, *osequio (se daría por válido si detrás de la s hubiera otra consonante, /astrákto/); /t/ y /d/: *azmósfera, *Madriz, *ir (confusión del imperativo y el infinitivo); /k/ y/g/: *direzto (asociación equívoca del sonido /z/ para la letra c), *esamen (la supresión del sonido /k/ de la x valdría si a esta le siguiera una consonante, /éstasis/).

Intercambio o eliminación de los fonemas. Es muy frecuente con los sonidos /l/ y /r/ en el sur de España y gran parte de Latinoamérica: *arma, *polque…

Reducción de hiato a diptongo (*linia, *niumático, *pior…) o falsa monoptongación (*anque,*concencia…)

Ultracorrecciones: pronunciación de diptongos como hiatos (*pedíatra), asociación errónea de la sílaba inicial (h)ie para la que es permisible la pronunciación /y/(*iendo).

Pseudocultismos, empleo de expresiones latinas mal prounuciadas:  *a grosso modo , *motu propio…

Cambios acentuales por confusión con el plural: *regímen, *exámen, *especímen… 

 

FUENTES:

Martín Gallego, Carolina. Clase magistral de El español correcto (2009/2010) en la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca.

Gómez  Torrego, Leonardo. Hablar y escribir correctamente el español. Gramática normativa del español actual.

 

Anuncios

FUENTE: easyviajar.com

Además de las influencias que se refirieron en “Al otro lado del charco”, el español dominicano presenta peculiaridades lingüísticas que, junto con su característica entonación (melosa, pausada, pero no igual a la del cubano), lo distinguen del resto de las variantes hispanoamericanas.

Su FONÉTICA configura tres áreas dialectales en las que, a su vez, se dan diferencias entre el lenguaje urbano y el rural: el Cibao la región norte; el Distrito Nacional, el área que rodea a Santo Domingo; y la zona occidental del país. Les separa la pronunciación de las consonantes finales de palabra, presentando mayor o menor tendencia a suprimirlas. Existen, también, varios enclaves afro-hispánicos en regiones del interior y en Villa Mella, en la zona norte de la capital, además del área bilingüe español-inglés de Samaná. En cuanto a las consonantes, las características más importantes son:

  • la pronunciación de la h como una j en posición inicial: jarto, jalar;
  • el yeísmo, la articulación de ll como y;
  • el intercambio  de r por l o de l por r: polque, curpable;
  • la eliminación de la s y del grupo st en posición inicial o medial: fóforo, uté, tar, etante;
  • el seseo, la pronunciación indistinta de c y z como s;
  • la pérdida de la g en el grupo gn: inorante;
  • la duplicación de r y l en final de sílaba por contagio de la letra que les sigue: canne, puppero;
  • o la simplificación de la rr en r: ariba.

De las vocales, las acentuadas son pronunciadas con mucha nitidez por el dominicano, mientras que las que no llevan el peso sonoro de la palabra sufren algunos cambios según el nivel cultural del hablante: la e seguida de a, o se convierte en i: ojiar, pior; la o seguida de a se transforma en u: tualla, tuavía; y los diptongos pueden reducirse a una vocal: Antoño.

Dentro de la MORFOLOGÍA, destacan, entre otros, dos aspectos. El primero, es la formación del plural con –ses en lugar de –es o –s en palabras no originarias del español y que acaban en vocal tónica: cafeses, manises, papases… El segundo, es el uso generalizado de los diminutivos: ahorita, jariniandito, ratico, cafesito…, una particularidad que refleja el carácter amable y sosegado de los dominicanos. En la SINTAXIS los rasgos fundamentales son estos: la repetición de pronombres personales en función de sujeto (Cuando tu termine, tú me avisa, pa’ yo llamarte); las preguntas sin inversión, sin anteponer el sujeto al pronombre interrogativo (¿Qué yo te dije?); y el uso de usted(es) en lugar de vosotros o tú (Usted no me diga eso -a un amigo-).

Finalmente, sobre el LÉXICO solía decirse que el español dominicano contaba con numerosos arcaísmos, palabras antiguas: agora, atollarse, mancar, barcino…. Sin embargo, la lengua ha ido modernizándose e incluyendo vocablos y expresiones que han hecho olvidar unos términos que ya no resultan más arcaicos que en el resto de la comunidad hispánica. Después de ese monólogo y si quisiéramos destacar alguno de los dominicanismos modernos, de las palabras y frases más representativas del español dominicano actual escogeríamos vaina, loco, ta jébi, lambón, bonche, ¡y eta tipa!, una fría, ¡qué lo qué!, helmano, manín, qué gra’ho/ba’ho/sicote, ¡er diantre!, ¡no ombe!, jummm, pariguayo, nítido, ta caliente/frío, ¡qué bolsa!, un chin… Un pequeño glosario de todos los dominicanismos que aparecerán recogidos en el diccionario que la Academia Dominicana de la Lengua lleva elaborando desde 2009.  Mientras tanto, se puede ir consultando este listado no oficial recopilado a través de la web: dominicanismos y expresiones actuales.


FUENTES:

ALBA, Orlando. “A propósito de la identidad lingüística dominicana”. Eme Eme. Estudios Dominicanos. Santiago de los Caballeros (Rep. Dominicana): Mayo-Junio 1984. Vol. XII, nº 72, p. 31-43.

ALVAR, Manuel. El español en República Dominicana. Estudios, encuestas, textos. Madrid: Universidad de Alcalá, 2000.

RAYO TRIGUEROS, Alejandra. La comunidad dominicana en España. A partir de Castilla y León – Valladolid. Universidad de Valladolid, 2011.

Al otro lado del charco

Publicado: 13 mayo, 2011 en Español de América
Etiquetas:, , ,

El español es hoy la lengua materna de más de 400 millones de personas, segunda lengua hablada de 60 a 100 millones, segunda lengua en enseñanza a extranjeros en todo el mundo y formante de seis códigos mixtos. Pocos idiomas presentan una riqueza tal como la del español, completamente plural, pero un todo unido al mismo tiempo. Condición desde la cual ha podido convertirse en una lengua de comunicación internacional, de divulgación científica y de transmisión cultural.

FUENTE: batidodecocos.blogspot.com

Son muchos los criterios lingüísticos que pueden utilizarse para clasificarla; sin embargo, teniendo en cuenta que se habla en más de veinte países, es muy posible que la división geográfica sea una de las más útiles. Así, atendiendo a sus variantes diatópicas, las mayores diferencias lingüísticas que se observan están entre el español de España o Europa, EE y el español de América, EA, como bien demuestra la amplísima bibliografía que existe al respecto (véanse como ejemplo estos documentos: I y II). A este lado del Atlántico la primera modalidad es conocida y practicada con total naturalidad, mientras que, quizá, la segunda está aún por definir con exactitud. Habitualmente, se tiene una visión muy general del español americano y, pese a que sí existen rasgos comunes a lo largo de toda su geografía, hay mucho por conocer dentro de sus tres grandes grupos: México y Centroamérica; las Antillas del mar Caribe, parte de Venezuela y la costa atlántica de Colombia; y Sudamérica, con sus apartados andinos centro-norte (Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, norte de Chile) y sur (Chile) y los secciones platenses (Argentina y Uruguay; Paraguay). En efecto, cada uno de ellos presenta una idiosincrasia fonética, gramatical, morfosintáctica y léxica propia que lleva a distinguirlas entre sí. Parece interesante, por tanto, iniciar una nueva serie de entradas dedicada al español de América. Y, aunque más adelante se irán explicando cada una de esas áreas con más detalle, el ESPAÑOL DOMINICANO, como puerta de entrada del idioma en el Nuevo Mundo, es una buen pistoletazo de salida para esta nueva categoría.

Esta variante se parece a la de sus vecinos isleños (sobre todo a la de Puerto Rico), pero evolucionó al son del proceso colonizador. En el siglo XVIII, agotados los yacimientos de oro y abandonado Santo Domingo por los colonos, franceses e ingleses comenzaron a competir por el territorio desde la parte occidental de la isla. Entonces, España envió numerosos contingentes de las Islas Canarias, lo que justifica algunos de los rasgos del habla dominicana moderna. Los franceses se quedaron en la mitad oeste y trajeron mano de obra africana para las plantaciones de azúcar, algo que también se hizo en la zona española, aunque en menor medida. Sus habitantes, los haitianos, lograron expulsarles en 1809 con ayuda británica y el gobierno de Haití gobernó a los dominicanos hasta 1844, cuando el enfrentamiento entre las dos partes terminó con el nacimiento de la República Dominicana. Más tarde, entre 1861 y 1898, el país se constituyó en un protectorado español que necesitó de otra guerra para independizarse. Tras esto, dada su desintegración política y financiera, los dominicanos estuvieron bajo el control teórico de los Estados Unidos hasta 1916. Finalmente, asistieron a una serie de dictadores que concluyeron con el régimen de Trujillo, de 1930 hasta 1961.

A través de este recorrido histórico pueden extraerse las influencias extrahispánicas que presenta el español dominicano. De los indígenas (tainos, ciguayos y macorijes) tan solo se conservan algunas palabras que, exceptuando ciertos topónimos, son compartidas por el resto de las Antillas y gran parte de Hispanoamérica para referirse a plantas y frutos que los españoles desconocían: ají, batata, yuca, guayaba, auyama, mamei, papaya, maní… Por el contrario, el influjo africano sí resulta significativo del español dominicano, ya que las raíces lingüísticas y culturales de los afro-dominicanos son anteriores al esclavismo de principios del siglo XIX, que apenas llegó a la República Dominicana. Por eso, cuentan con algunos africanismos como guandú(l), quimbamba, busú… y topónimos como Lemba o Samangola. En cuanto al impacto del criollo haitiano, se limita a la zona rural y fronteriza con aquel país. Y por último, el rastro francés e inglés se observa en la península de Samaná, al norte de la isla, donde muchos habitantes hablan patois, una mezcla de español y francés, o inglés, ya sea en su variante norteamericana o de las Indias Occidentales, influyendo sobre el dialecto local dominicano e, incluso, convirtiéndolo en segunda lengua para algunas personas mayores.

FUENTES:

LIPSKY, John M. El español de América. Madrid: Cátedra, 2004.

SASTRE RUANO, M.ª Ángeles. Clase magistral de  Lengua española aplicada al Periodismo (2010- 2011). Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid.


Continuando con la línea de la anterior entrada, “Murinho peldió la pacencia en Madrí”, se explican otros cuatro fenómenos fonéticos. Todos ellos, al igual que la elisión descrita anteriormente, afectan a la articulación silábica de determinadas palabras del español.

ADICIÓN

Consiste en la incorporación de sonidos no existentes dentro de la palabra, independientemente del lugar en que se añada: al principio, en medio o al final.

Prótesis, si el fonema o sílaba se añade al comienzo del término: *abajar (bajar), *arrascar (rascar), *arradio (radio), *entodavía (todavía), */buébo/ (huevo), */buéko/ (hueco)…

Epéntesis, si el sonido es añadido en el interior la palabra: *trompezarse (topezarse), *aereopuerto (aeropuerto), *gorgojeo (gorjeo), *indiosincrasia (idiosinrasia), *transtorno (trastorno)…

Hay dos casos especiales y bastante comunes para este tipo de adición, a saber: la anteposición de /d/ por falsa semejancia con la terminación -ado de los participios (*bacalado, *Bilbado…) y la pronunciación del fonema /z/ como una /k/ con la consecuente duplicación otrográfica de la c (*concrección, *inflacción…).

Paragoge, si el sonido innecesario se incorpora al final de la palabra: *cuala (cual), *asín (así), *rodapiés (rodapié), *taxis (taxi)…

Es muy frecuente que ocurra con las formas verbales de segunda persona de singular del pretérito perfecto simple: *dijistes, *tuvistes… o formas imperativas del estilo *oyes.

Sin embargo, siempre en el caso de la letra s, hay sustantivos para los que la Academia permite las dos grafías: con ella o sin ella al final. Algunos de los ejemplos más empleados son: marcapaso(s), guardabosque(s), cortafuego(s), alzacuello(s), metrópoli(s)… Nótese que todas ellas son palabras compuestas.

METÁTESIS

Se trata del intercambio de posiciones de alguno de los fonemas o sílabas que forman una palabra, teniendo lugar siempre en el interior de esta:

*cocreta (croqueta), *dentrífico (dentífrico), *axfisia (asfixia), *naide (nadie), *prefecto (perfecto), *metereólogo (meteorólogo), *Grabiel (Gabriel)…

ASIMILACIÓN

Tiene lugar cuando, por contagio con alguna letra parecida o igual que haya dentro de la misma palabra, ocurre alguna de estas dos cosas:

  1. Que aquel fonema atraiga al otro hasta el punto de transformarlo en él: *pinicilina (penicilina), *fenefa (cenefa), *fínife (cínife), *miñique (meñique), *visícula (vesícula),*bembrillo (membrillo)… En el caso de las vocales, generalmente la vocal tónica atrae a la átona, como se ve.
  2. Que el fonema desaparezca, que se reduzca a cero: */azzidente/ (accidente), */konstruzzión/ (construcción), */korrezión/ (corrección)…

DISIMILACIÓN

Es la susitución de un fonema por otro distinto o su eliminación ante la existencia de un fonema igual o parecido dentro de la misma palabra, tal como si quisieran distinguirse:

*pograma (programa), *madrasta (madrastra), *endividuo (individuo), *redículo (ridículo), *viciversa (viceversa), *cangrena (gangrena)…

 

FUENTES:

Martín Gallego, Carolina. Clase magistral de El español correcto (2009/2010) en la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca.

Sastre Ruano, M.ª Ángeles. Clase magistral de Lengua española aplicada al periodismo (2010/2011) en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Salamanca.

FUENTES COMPLEMENTARIAS:

Gómez  Torrego, Leonardo. Hablar y escribir correctamente el español. Gramática normativa del español actual.


                                                                 Fuente: RTVE.es

Cualquier periodista que ayer por la noche se hubiese referido con esas palabras a los enfados del entrenador portugués en medio del clásico habría acabado, probablemente, “de patitas en la calle”. Sin embargo, nadie puede negar que algunas de las voces incluídas en ese título pululan por el lenguaje cotidiano sin que nadie ponga demasiados reparos a su incorrección. La verdad es que las vacilaciones fonéticas, que deben tenerse en cuenta en hispanohablantes y no en hablantes no nativos del español, suponen un error grave imperdonable únicamente cuando son llevadas a la escritura. Es decir, determinados contextos permiten el empleo de este tipo de alteraciones fonéticas, de modo que es necesario distinguir desde un primer momento entre:

  • Pronunciación vulgar, que nunca debe aceptarse: pacencia*, diabetis*, penícula*…
  • Pronunciación afectada, que se pasa por alto en contextos relajados que implican un registro familiar.

La clave está, de nuevo, en aquello que se apuntó en la entrada Desviación vs. incorrección y que decía que hablar con corrección no solo implica ajustarse a la norma, sino que también hay que se saber adaptar adecuadamente el habla a las distintas situaciones comunicativas. Por lo tanto, los errores de pronunciación que se toman por vulgarismos son los que no se deben a una adaptación circunstancial del registro lingüístico del hablante y sí a un bajo dominio de la lengua por un nivel sociocultural bajo. A veces, incluso, estos hablantes son conscientes de sus carencias fonéticas y tratan de corregirlas. El problema es que, en ocasiones, cometen un nuevo fallo al caer en ultracorrección: aplican erróneamente procesos de corrección a palabras similares en las que sí resultan adecuados: ‘descalabrar’ y ‘escalabrar’ son admitidas por igual, pero no ‘desparramar’ y *esparramar.

Hay casos en los que el vulgarismo se ha hecho tan corriente que, incluso, personas con cierta cultura lo utilizan con la falsa justificación de la espontaneidad. Es posible que conocer los distintos fenómenos por los que se cometen este tipo de errores pueda ayudar a borrarlos de nuestro lenguaje más cuidado. Así pues, comenzaré con la elisión, el primero de los siete problemas fonéticos que iremos viendo y que explican las distintas pronunciaciones que recoge el español para mismos casos.

ELISIÓN

Se trata de la supresión de algún fonema o sílaba al comienzo, en el interior o al final de la palabra:

Aféresis,  cuando la pérdida se da al principio de la palabra: *lisar (alisar), *chacho (muchacho), *tate quieto (estáte quieto), *ámos (vamos), *toy (estoy)…

Síncopa, cuando la pérdida se da en el interior de la palabra:    

  • Participios verbales -ado/-ido. Se permite la elisión en un registro informal y coloquial solo en el caso de los adjetivos, pues en los sustantivos es siempre un vulgarismo. Las excepciones son: los adjetivos diminutivos, donde no se acepta la pérdida de la -d- (*clavaíto, *coloraíto…), y los sustantivos ‘cantaor‘ o ‘bailaor‘(de flamenco) que con esa acepción específica de género musical solo existen sin la -d-.
  • *Inato (innato), *pacencia (paciencia), *trasportar (transportar), *alante (adelante), *señá (señora), *paece (parece), *tiés (tienes)…

Apócope, cuando la pérdida es al final de la palabra:

  • Formas apocopadas por sí mismas. Deben distinguirse de este fenómeno, ya que no son incorrectas: ‘san’, ‘un’, ‘algún’…
  • *na (nada), *pa (para), *tó (todo), *mú (muy), *herpe(s), *carie(s), *cacahué(te)…

 

FUENTES:

Martín Gallego, Carolina. Clase magistral de El español correcto (2009/2010) en la Facultad de Filología de la Universidad de Salamanca.

FUENTES COMPLEMENTARIAS:

Gómez  Torrego, Leonardo. Hablar y escribir correctamente el español. Gramática normativa del español actual.

Borrego nieto, Julio: <<Asín que ya le digo señá Tomasa: El lugar de la variación en la descripción lingüística>> (Lección Inaugural del Curso Académico 2008-09, Universidad de Salamanca).


Si en las entradas “¿A q h qdams n la pza.?” (I) y (II) se distinguió entre abreviaturas y símbolos, ahora toca hablar de siglas y acrónimos, los otros dos modelos de acortamiento que conoce el español para formar palabras nuevas. Ambos sistemas resultan muy productivos en nuestra lengua, pues su utilidad hace que cada vez sean más los nombres que se incorporan bajo esta forma. Un éxito en cuanto a apariencia de las palabras que, sin embargo, parece quedar en entredicho a la hora de desenmascarar sus signifcados…

En cualquier caso, además de revisar el diccionario (visítese la dirección de  la Fundéu http://www.wikilengua.org/index.php/Lista_de_siglas_A o  la página http://www.acronymfinder.com/), cabe repasar la escritura de este tipo de palabras, porque no hay día en que alguien no compre CDs* o renueve el D.N.I*…

SIGLAS

Una sigla es una palabra formada por varias letras “independientes”, ya que cada una de ellas representa otro nombre. Es decir, que las siglas son palabras complejas que, en realidad, constituyen un grupo de ellas. Por este motivo, puede entenderse por sigla también a cada una de esas iniciales que la integran.

Se leen sin restablecer la palabra original y con deletreo siempre que su forma resulte impronunciable: ONG, TDT, FBI… En algunos casos es posible combinar la pronunciación corriente con el deletreo, como ocurre con CD-ROM. En cuanto a su escritura, la letras que las componen tienen que aparecer sin puntos ni espacios de separación, salvo que se trate de un texto escrito solo con mayúsculas y haya que distinguir la sigla del resto de palabras. Las letras son mayúsculas (excepto el segundo carácter de los dígrafos ch y ll), no van acentuadas (no se someten a las reglas de acentuación) y no pueden separarse nunca, ni siquiera al final de línea. En lo que se refiere a accidentes gramaticales:

  • Número: la forma de las siglas permanece invariable en el plural, de manera que es incorrecta la forma inglesa que añade (con o sin apóstrofe) una -s  final. Para marcar la existencia de más de un referente deben utilizarse determinantes de pluralidad: los, varios, unos, varios…
  • Género: viene marcado por la palabra núcleo de la expresión abreviada, que casi siempre es la primera de la sigla: la ONU, por “organización”, la TDT, por “televisión”…

Por último, es recomendable hispanizar la sigla siempre que sea posible (OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte vs. NATO, North Atlantic Treat Organization) y no se trate de un nombre comercial o una realidad ajena a nuestro país, sin equivalencia posible: IRA, Irish Republic Army; KGB, … En cualquier caso, con siglas que no sean de conocimiento generalizado, es recomendable explicarla (y traducirla) la primera vez que se utiliza en un texto.

ACRÓNIMOS

Un acrónimo es una palabra formada a partir de la unión de letras o sílabas del prinicipio y del fin de dos o más palabras que constituyen otra expresión. Se trata, por tanto, de un tipo especial de sigla que recibe este nombre de las voces griegas akros (‘extremo’) y onoma (‘nombre’): autobús, automóvil y ómnibus; apartotel, apartamento y hotel; teleñecos, televisión y muñecos…

Sin embargo, este procecimiento es tan recurrente que han pasado a aceptarse, a tomarse también por acrónimos:

  1. Palabras procedentes de la unión de elementos de dos o más palabras, ya sean extranjeras (el ingléshace un gran uso de este modelo de acrónimos) o españolas: sónar, sound navigation and ranging (“navegación y localización por sonido”), radar, radio detecting and ranging (“detección y localización por radio”), transistor, transfer resistor(“transferencia de resistencia”)…
  2. Palabras que, en origen, eran siglas que se escribían con mayúsculas y que hoy se pronuncian como una sola palabra y se escriben en minúsculas (salvo la incial en caso de nombres propios) debido a la total implantación que tienen en nuestra lengua: sida, “síndrome de inmunodeficiencia adquirida”; opa, “oferta pública de adquisición”; pyme, “pequeña y mediana empresa”; uvi, “unidad de vigilancia intensiva”; vip, “very important person”…
  3. Nombres compuestos de persona: Anabel, de Ana Isabel; Maribel, de María Isabel; Malena, de María Elena o Magdalena; Juanma, de Juan María…

Todos estos acrónimos se leen como se escriben, sin desarrollar la expresión que representan y, una vez que están completamente integrados en la lengua:

  • Acentuación: siguen las reglas generales de acentuación (ver Antes de poner tildes): módem, autobús…
  • Número: siguen las normas generales de formación del plural: radares, pymes, autobuses, ovnis…
  • Género: normalmente toman el masculino, salvo si proceden de una sigla, en cuyo caso toman el de la palabra que sea núcleo de esta.

 

FUENTES:

Real Academia Española, Diccionario Panhispánico de Dudas (2005): “Sigla” [En línea] URL: http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltConsulta?lema=sigla

El Norte de Castilla, “El castellano”: Acronimia (28/01/2010) [En línea] URL:http://elcastellano.nortecastilla.es/castellano/aula/la-acronimia

Gabriel Paizy, En buen español: “Las abreviaturas” (YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=lZSzpOc9Ccg)


Los resultados de la encuesta ¿Qué nombre crees que es más apropiado para nuestra lengua? demuestran un reparto de opiniones muy equilibrado, pues, de las 32 participaciones que recibió, exactamente la mitad fueron para “castellano” y la otra mitad para “español”. Hoy presento el voto desempate aportando unas cuantas reflexiones que lo justifican y que pienso que pueden resultar útiles a quienes hayan tenido dudas a la hora de responder. Ahí va.

Rotundamente, español. Sin temor a equivocarme demasiado, pues es la propia Academia la que dice que << […] resulta más recomendable por carecer de ambigüedad, ya que se refiere de modo unívoco a la lengua que hablan hoy cerca de cuatrocientos millones de personas>>, creo que el apelativo de español es el que más justicia hace a nuestra lengua en la actualidad.  

Desde mi formación, puedo decir que a la Lingüística le resulta indiferente el empleo de una u otra denominación, pero la Filología es absolutamente tajante: solo se puede hablar de castellano para referirse al estadio de la lengua hasta el siglo XV, momento en que distaba mucho de parecerse al español que hablamos hoy día. Es decir, que el castellano es, en última instancia, una lengua extinta de la que es heredera el español actual, “moderno”. Y es que hay que tener bien claro que la lengua que usamos 400 millones de hablantes no se ha configurado exclusivamente a partir del castellano. El débito con aquella lengua romance es, obviamente, muy grande, pero ello no significa que dejemos de lado todas las fusiones, mezclas e influencias lingüísticas que fue recibiendo a lo largo del tiempo y que la convirtieron en una lengua radicalmente diferente que ya casi nada tiene que ver con la que se usaba en cancioneros y romanceros medievales.

Hay especialistas que extienden ese carácter dialectal del castellano primigenio (fue una lengua romance surgida del latín que recibió su nombre de la región en que mayoritariamente se habló: el Reino de Castilla) al presente y consideran como tal a la variedad lingüística que se habla hoy en Castilla. Pero ¿qué Castilla? Para mí, esta consideración carece de cualquier tipo de sentido, pues si aquella entidad territorial de la que tomó su nombre la lengua dejó de existir hace mucho, no tiene aplicación posible en nuestros días. Sí la tienen el catalán, el vasco o el gallego, por el contrario.

A propósito de estas otras lenguas, la Academia vuelve a defender el empleo de castellano para señalar el rango de lengua oficial de España frente a las arriba citadas, que solo tienen carácter de cooficialidad en sus respectivos territorios autónomos. En mi opinión, se cae en el mismo error: nombrar el todo por la parte (parte artificial, además). Nadie puede negar la entidad lingüística y cultural que suponen el gallego, el vasco y el catalán (aunando este valenciano y mallorquín como dialectos suyos) y que el franquismo contempló como una amenaza censurable para la lengua del resto del país. Aquella “lealtad lingüística” debiera estar con creces superada, pero parece una tarea aún pendiente: la Constitución habla siempre en términos de castellano. Sí, las Cortes rechazaron para el tercer artículo del título preliminar del texto la adición de un párrafo redactado por la Academia que decía: <<Entre todas las lenguas de España, el castellano recibe la denominación de español o lengua de España como idioma común a toda la nación>>.

Siendo muy puristas, podría decirse, entonces, que las lenguas cooficiales que se hablan en diversas regiones de nuestro país son lenguas españolas, pues, hasta donde yo sé, no se habla catalán, vasco ni gallego en grandes comunidades mucho más allá de nuestras fronteras (solo Francia o Portugal presentan cifras considerables). Yo no soy del todo partidaria de esta visión pues creo que, entonces sí, surgirían dudas acerca de la relación entre la lengua común y las autónomas. Especialmente en la proyección internacional de nuestro idioma, podría darse lugar a equívocos y hacer pensar a los extranjeros en una misma lengua con diferentes variantes. Nada que ver con eso, el vasco representa una realidad lingüística totalmente ajena al español, sin relación alguna; y el gallego y el catalán nacieron a la par que el castellano y siguieron caminos paralelos (con respecto al latín del que provienen) pero no iguales. El castellano logró una difusión más grande que el resto y, como germen de él, hoy el español es la lengua de habla mayoritaria en nuestro país.

Hispanoamérica, con gran “voz y voto” en el asunto, arrastra aún prejuicios similares a los anidados en España durante la dictadura, pero allí en sentido contrario. Es decir, la trágica experiencia del colonialismo deshecha cualquier recuerdo español, y prefiere hablar en términos de castellano. Más o menos superada esta visión, todavía se mantiene en algunas ocasiones el uso de castellano como reflejo del prestigio otorgado por la comunidad americana a aquella “lengua hablada en Castilla”. Ya me he pronunciado al respecto de este regionalismo y añado, como vallisoletana, que leísmo y el laísmo (entre otras más cosas) han dejado ya lejos la pureza lingüística que se presuponía en nuestro habla.

Si entre nosotros parece ser más apropiada la denominación español, con más razón lo es para referirse a la lengua en su carácter internacional, como lengua materna de más de 400 millones de personas, segunda lengua de entre 60 y 100 millones, formante de seis códigos mixtos y segunda lengua en número de estudiantes en el mundo. No puede ser de otra manera; tan solo este nombre es capaz de referirse de forma unívoca a esa lengua que acabo de describir. Con él, el idioma queda definido en toda su grandeza, pues pocas lenguas internacionales presentan una riqueza tal como la del español, enormemente heterogéneo pero, a la vez, un todo unido.

 

FUENTES:

Real Academia Española, Diccionario de la lengua española (2001)

Congreso de los Diputados, Constitución Española (1978)

M.ª Ángeles Sastre Ruano, Clase magistral de Lengua española aplicada al Periodismo (Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Valladolid)


“¿A q h qdams n la pza.?” mezcla dos tipos de recursos para el acortamiento de las palabras: la abreviatura y el símbolo. Estos dos procesos son similares, pues tienen efectos análogos en las palabras sobre las que se aplican; sin embargo, poseen particularidades por las cuales la escritura de h es correcta y la de pza. también, pese a que entre ellas haya un signo de puntuación de diferencia.

Es interesante, entonces, que se fijen bien los usos y formaciones propias de cada cual para usarlos, siempre que el contexto lo permita (no hay olvidar la recomendación de no hacer de su empleo un hábito), con corrección. No vaya a ser que tengamos alguna sorpresa como esta…

 

ABREVIATURAS

Las abreviaturas convencionales que se recogen en el “Apéndice 2” del DPD al que os remití en al anterior entrada están reconocidas por la comunidad hispanohablante internacional y, por ello, presentan restricciones de uso; es decir, que no pueden colocarse en cualquier lugar del texto.

El ejemplo más claro y cercano de esto es quizás el de las abreviaturas de tratamientos: D. / Dña.     Sr. / Sra.     Ilmo.     Magfco.    Excmo.  :

  • Deben usarse solo cuando preceden al nombre propio o cargo en cuestión.
  • Se escriben con mayúscula o minúscula según corresponda a la palabra o expresión abreviada.

Por otra parte, existen dos modelos de formación de las abreviaturas:

  1. Por truncamiento, suprimiendo letras o sílabas finales de la palabra plena y teniendo en cuenta que nunca puede acabar en vocalfol. (folio), art. (artículo), fasc. (fascículo), pág. (página)…
  2. Por contracción, eliminando letras centrales y manteniendo solo las más representativas de la palabra: dpto. (departamento), pza. (plaza), tfno. (teléfono), apdo. (apartado)… En este grupo entran las que representan las letras finales de la palabra mediante voladitas, como n.º (número).

Toda abreviatura, sea cual sea el procedimiento empleado para formarla, presentan tres rasgos fundamentales que los distinguen de cualquier otra palabra acortada:

  • Se escriben siempre con un punto al final.
  • Llevan tilde si así la presentaba en la palabra original la letra que se ha mantenido para la abreviatura.
  • Admiten variación de género y número:
    • Género. Si el masculino termina en -o, para el femenino se cambia por la vocal -a: Lcdo./Lcda. ; si el masculino termina en consonante, para el femenino se añade una -a volada (en caso de truncamiento) o no (en caso de contracción se admiten las dos opciones): Prof./Prof.ª , Sr. /Sra. – Sr.ª
    • Número. Si la abreviatura se formó por truncamiento, se añade una -s o se duplica la letra si es una sola: págs., ss. (siguientes); si se formó por contracción, se aplican las reglas generales de acentuación para añadir -s o -es, tanto a las letras normales como a las voladitas: admón. pl. admones., n.º pl. n.os; y si se trata de una forma verbal, permanece invariable: v. (véase) pl. v. (véanse).

Finalmente, hay que leer la abreviatura restableciendo todas las letras de la palabra original, como si se tratase de esta.

SÍMBOLOS

Un símbolo es una especie de abreviación de carácter científico o técnico que puede estar integrada por signos no alfabetizables o por sí alfabetizables, por letras.  Tienen validez internacional, puesto que han sido fijados convencionalmente a través de instituciones de normalización como la Organización Internacional de Normalización (ISO, International Organization for Standarization) para facilitar el comercio y el intercambio de información. Así, suele referirse a unidades de medida, elementos químicos, monedas oficiales, conceptos u operaciones matemáticas y puntos cardinales.

Al igual que con las abreviaturas, el Diccionario Panhispánico de Dudas ofrece un listado actualizado de los principales símbolos, tanto alfabetizables (“Apéndice 3”) como no (“Apéndice 5”), en la dirección http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltConsulta?lema=símbolo .

En lo que a lengua se refiere, los símbolos que resultan interesantes son los constituidos por letras, ya que son muy semejantes a las abreviaturas y pueden provocar equívocos. La forma más habitual para construirlos es utilizar la primera letra de la palabra que representan: a (área), g (gramo), m (metro), N (Norte); cuando se trata de unidades de medida con un prefijo y una unidad simple, se utiliza la primera letra de cada elemento: kg (kilogramo), hectolitro (hl); y si hay posibilidad de confusión con otro símbolo, se añade una segunda letra a la inicial: Cl (cloro), Ca (calcio), Cd (cadmio).

Los puntos de diferenciación con las abreviaturas son:

  • Se escriben siempre sin punto.
  • Nunca llevan tilde.
  • No presentan variación de género o número.

Sin embargo, sí se leen, igualmente, restituyendo las letras omitidas, aunque es muy frecuente el deletro (sobre todo, en símbolos matemáticos o químicos): CO2 /cé-ó-dós/,  2πr /dós-pí-érre/.

 

FUENTES:

Real Academia Española, Diccionario Panhispánico de Dudas (2005).

El Norte de Castilla, “El castellano”: Símbolos (15/12/2008) [En línea] URL:http://elcastellano.nortecastilla.es/castellano/aula/s%C3%ADmbolos


Como la cosa va de escritura y ortografía, ¿qué os parece ese título? Probablemente, a muchos no les cueste ningún esfuerzo entender el mensaje que se esconde en ese conjunto de letras y números (no sabría decir hasta que punto se trata de una oración, por lo menos, ortográficamente hablando), pero a quienes no estén muy familiarizados con este nuevo “lenguaje” les costará saber por qué yegan y no llegan facturas o qué significa ese 1a.

Dejando de lado su mayor o menor inteligibilidad, lo cierto es que la comunicación virtual “ha destapado la caja de pandora” y ha convertido en la abreviación la vía de comunicación de la inmensa mayoría de jóvenes. Hasta donde los sms, los chats, las redes sociales y, sobre todo, el microblogging llegan, la escritura abreviada puede estar justificada por un intento de economización del espacio. El problema viene cuando se sobrepasan esos ámbitos…

 

A la luz de los acontecimientos, tenga intención de dedicar esta y otras entradas a describir los diferentes recursos con que cuenta el español para acortar “legítimamente” las palabras, a saber: abreviatura, símbolo, sigla, acrónimo…

Comenzaré por la abreviatura, que consiste en la representación gráfica reducida de una palabra (o grupo de palabras) mediante la supresión de algunas letras finales o centrales. El uso tan extendido de este proceso ha hecho que también se conozca con este nombre al resultado final, es decir, a la palabra representada en la escritura mediante elminación de algunas letras. Para ponerse en situación, se puede consultar la dirección http://buscon.rae.es/dpdI/SrvltConsulta?lema=abreviatura dentro del Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE donde un “Apéndice 2” ofrece una lista de las abreviaturas convencionales (fijadas por consenso de todas la academias) que se usan con más frecuencia en el español.

Sin embargo, tiene que quedar claro que ese listado no está cerrado: cualquier usuario de la lengua puede crear todas las abreviaturas que desee para su uso personal siempre y cuando se ajuste a las reglas de formación de este tipo de recurso. Veremos, entonces, cuáles son esas normas y si aquel mensaje del título estaba completamente errado o podía darse por válido algo de él. Por último, hay que tener presente ese apunte hecho en anteriores párrafos: las abreviaturas, por bien que estén construidas, deben utilizarse en contadas ocasiones.


Hablando de signos de puntuación mencioné varias veces a las mayúsculas y las minúsculas, así que me paré a pensar en la presencia de esas grandes y pequeñas en documentos, novelas, periódicos…

Resulta que la escritura se ve condicionada por factores ajenos a la puntuación que explican la pertinencia o no de las MAYÚSCULAS sobre el papel. Son muchos y variados los usos que se les da: apertura de un texto o de una oración, tratamientos, títulos, documentos oficiales … pero los más peculiares están siempre en los nombres propios, en especial en los antropónimos, los nombres de persona. Así que me pareció interesante hacer un repaso de este  papel tan concreto que desempeñan las mayúsculas “llamando a la gente”.

 Antes de nada, no está demás recordar que estas letras no escapan a las reglas de acentuación, de manera que aparecerán escritas con tilde cuando así se exija. Por lo tanto, sería una falta de ortografía no poner ese acento ortográfico en Ángel o en Úrsula, por ejemplo. Cuando se trata de mayúsculas hay que tener presente que tan solo las que forman parte de siglas (escritas sin puntos ni espacios de por medio) aparecen sin tilde, incluso si la palabra de la que provienen sí la lleva.

Bien, empecemos a hablar entonces del Pipa Higuaín o de Carmen de Mairena… Efectivamente, los situaciones concretas en que los antropónimos alternan el uso de las mayúsculas son:

  • Sobrenombres, apodos y seudónimos (la RAE prefiere la forma sin p-): se escriben siempre con mayúscula.

– A veces van precedidos de artículo, a escribir preferiblemente con minúscula, tanto si van acompañando como si van sustituyendo al nombre propio inicial:

Alfonso X el Sabio (y no El Sabio); Juana la Loca (y no La Loca); Juan Fernández, alias el Guindilla (y no alias El Guindilla); Lionel Messi, la Pulga (y no La Pulga); Julián López, el Juli (y no El Juli)

Si el artículo el va precedido de las preposiciones ‘a’ o ‘de‘, forma con ellas las contracciones ‘al’ y ‘del’: Tarde gloriosa del Guaje en Mestalla, Un óleo del Greco.

  • Apellidos españoles con preposición o preposición más artículo

– El apellido se escribe siempre con con mayúscula y la preposición y el artículo con minúscula cuando acompañan al nombre de pila:

Rubén de la Red, Félix Rodríguez de la Fuente…

– En cambio, si se omite el nombre de pila, la preposición debe escribirse con mayúscula y el artículo con minúscula:

De la Red, De la Fuente…

– Cuando el apellido lleva artículo pero no preposición, el artículo se escribe siempre con mayúscula:  

Lucía La Piedra (no Lucía la Piedra) o señorita La Piedra (no señorita la Piedra)

 

Los topónimos, la otra modalidad de nombres propios que tiene en su haber la gramática del español para lugares, quizás no resulte tan llamativa dentro de una sociedad que, por lo general, gusta mucho de los deportes o de los cotilleos del “corazón”. De cualquier manera, me gustaría señalar un par de puntos acerca de la referencia a:

  • Accidentes y espacios geográficos: todos los nombres comunes que se refieren a ellos (río, mar, arroyo, océano, cabo, golfo, estrecho, archipiélago, istmo, isla, península, monte, montaña, pico, sierra, cordillera, ciudad, aldea, pueblo, etc.) y que acompañan a los nombres propios con que se designan han de escribirse con minúscula:

río Duero, sierra de la Demanda, istmo de Panamá, cordillera de los Andes, estrecho de Magallanes, cabo de Buena Esperanza…

– Solo si el nombre forma parte del nombre propio (si no se puede reconocer el lugar sin ponerse en el nombre el término común) ha de escribirse con mayúscula inicial:

Sierra Nevada, Picos de Europa, Ciudad Real…

  • Espacios públicos: la última reforma ortográfica (véase: “Ortografía de última hora“) ha dejado bien claro que palabras como ‘plaza’, ‘calle’, ‘puente’, por citar algunas, deben escribirse siempre en minúscula cuando acompañan al nombre propio con que son conocidos esos lugares que desginan:

La plaza Mayor, la calle Miguel Delibes, el edificio Duque de Lerma…

 

Recuerdo que el empleo de las mayúsculas en la escritura de nombres propios es solo uno de sus múltiples usos. En el sencillo manual Guía práctica del español correcto (Paredes, F.) puede encontrarse una información mucho más amplia de las mayúsculas.

Otra opción útil puede ser este vídeo en el que se refieren, además de a la historia, los usos y la acentuación de las mayúsculas, a las incorrecciones que se pueden cometer con ellas:

 

FUENTES:

M.ª Ángeles Sastre Ruano, en su asignatura Lengua española aplicada al Periodismo para los alumnos de primer año del Grado en Periodismo de la Universidad de Valladolid.